¿Estamos realmente dispuestos a innovar?

Si hay una palabra que nos martillea las meninges desde que la Web 2.0 llegó a nuestras vidas, con su parafernalia y su elenco de herramientas,  ésta es innovación. Ahora, todos quieren (queremos) innovar, lo mismo que antes todos querían (queríamos) progresar. Queremos innovar, cambiar, reformar, modificar, readaptar nuestras forma de hacer las cosas. En el entorno laboral y en el personal. Y debajo de la alfombra innovadora, encontramos el deseo de adaptarnos a un horizonte que se mueve, un deseo de mejora, de avance. Queremos cambiar nuestro entorno, para cambiar el mundo. ¿O quizás era alrevés? Incluso estos días se ha vuelto a oír la famosa frase que alguien escribió en los muros de la Sorbona en un lejano mes de mayo del 68: Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar. Si a esto le unimos la nube, llegamos al nirvana innovador, ese estado entusiástico por cambiar, reformar, modificar… que unas veces sale de nuestras cabezas y otras de nuestro corazón. Pero, un momento… ¿realmente estamos dispuestos a innovar?

Innovar supone cambiar. ¿Estamos dispuestos a cambiar, en un mundo tan homogeneizante como éste? Hablando de nirvana fue Kurt Cobain quien dijo aquello de ellos se ríen de mí porque soy diferente. Yo me río de ellos porque son todos iguales… ¿Es la innovación una trampa dialéctica? ¿o es el motor de cambio que todos necesitamos? Hagamos una prueba de nuestras intenciones reales de cambio. Pongamos como ejemplo una tarea cotidiana, algo que todos hacemos a diario. Y cambiemos radicalmente la forma en la que la hacemos. Hablamos de algo tan simple como atarnos los cordones de los zapatos. Para comenzar a innovar, es una adecuada piedra de toque. Una vez que seamos capaces de cambiar, para mejorar, algo tan simple como esto, quizás estemos preparados para cambiar el mundo. Si no lo logramos, mejor volvamos al nirvana de la nube. Las vistas son maravillosas. Si somos capaces de mantener los ojos abiertos… claro.

Y finalizamos hoy una entrada ligera -o no tanto- con un poco de música. La presentación es un poco ñoña, pero la música y la letra de esta canción son bastante sugerentes. Todo un himno al cambio, que nos habla de alguien que cerró un día la puerta de su casa y se fue. Alguien realmente dispuesto a cambiar. Curiosamente, la cantan Los Replicantes… Ironías de la vida. Feliz fin de semana a todos.

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